viernes, 23 de julio de 2010

Vivo pensando en el ayer, pensando en ti.

No me crucé contigo en aquel club pero me habría gustado mucho. No me abrí las venas pero hubiera podido. Pienso en ti a menudo, en qué será de tu vida. Me pregunto cómo habría sido el sexo entre nosotros. Cuando la pena me embarga, cuando deseo evadirme un poco, dejar de ser la esposa interesante y la madre imperfecta, por no hablar del resto, me refugio en tus brazos. Evoco tus caricias y la suavidad de tu piel. Escribo hasta el infinito por lo que no fue acabado, tuve dieciséis años bajo tus dedos y no lo olvido.




Me gusta sentarme en mi viejo sillón, en ese donde nos metiamos mano cuando eramos jovenes, cuando estabas a mi lado, cuando aún decías que me querías. Y recuerdo cada segundo a tu lado, sí me acuerdo de todo. Me hacías reir, me hacias feliz. ¿Y ahora, dónde estás? Miento al mundo, diciendo que quiero a mi marido. Pero no, eres tú al que quiero. Eres un cobarde, porque nunca te atreves a enfrentarte al amor, pero me da igual. Espero que aún guardes mi número de telefono y que dentro de unos meses o unos años, me llames. Tienes todo el tiempo del mundo.

Ven, que me cuesta respirar sin ti.

3 comentarios:

  1. Hay demasiados cobardes en este mundo. Demasiados.

    saluddos;

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  2. Me gusta... Muchos cobardes si, tienes razón :)
    besos!

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